viernes, 15 de febrero de 2013

DOS MUNDOS





DOS MUNDOS
                             A Rubén Vela

América,
              por ti,
siento el alma desgarrada.

Allí,
       en la tierra donde se sepultó
con sangre
                 el cuerpo del conquistador
entre las plumas y la serpiente

donde los dioses
                          entonaron
                                           un salmo a la lluvia

y agonizaron
                     las lágrimas
                                        en vasijas de barro

quién soy
               ante este aullido
de un imperio desolado
en ruinas
cubierto por el polvo


una paloma
                   humillada entre cenizas
un rumor , una luz
                             adentro de una urna funeraria
una nube pavorosa
                              entre los picos de la montaña
un cuerpo seco
                        en la tempestad
una máscara
                    caída
                             en la tierra silenciosa

RESURRECCIÓN







RESURRECCIÓN


Estoy en el sarcófago de Ramsés III

Soy Isis, la Diosa del hogar

Resucité tu cuerpo descuartizado con mis gotas de sangre


Fui tejiendo días de misterio

con la rueca del dolor

Hubo días guerreros

y de miedo
                    
tras el tiempo irreparable.



Mientras te miro,

el jade rojo  seduce  tu rostro.

CONSTELACIÓN





CONSTELACIÓN

Hay un tiempo que destruye.
Hay un tiempo de olvidos.
Hay otro momento del tiempo.
Ése que desgarra su trama.
Y en el transcurrir nuevo
aparece en otro mundo.

Ahora,
con inciertos segundos,
tambalean las tensiones
que exigió lo imprevisible.

El cuerpo oprime su reflejo
oculto por el velo negro de Maya.
Y henchido por el deseo
reverbera a la zaga de olas rutilantes.

Esos enigmas indescifrables.
A dónde van?
Qué hay que elegir?
Acaso reservar lo indeciso.
Acaso poder decirlo todo.
Acaso no decir nada
sin dejar intacta la palabra.
Andar a la deriva.
Juntarse y volverse a separar.
No quedar inconcluso.
No morir sin que tú lo sepas.

Hay un espacio estelar en las palabras
vagando a través de una vacuidad movediza.

Allí cada estrella es un dios que nos protege.
Hay una morada cósmica
en donde juega el cuerpo con sus gritos.
Se recluye tras los escollos de la perdición salvaje.

Despiadada,
la tierra despliega los secretos del devenir.

Y la vida así es un conjuro a los demonios.

ARREBOL






ARREBOL



I



Puntillas almidonadas

                                     ante la mirada del asombro

la sonrisa escondida

                                    en el arrebol de los volados

puntitas de pie

                                    para crecer y alcanzar

el charol de los zapatos ‘Guillermina’



la mano que cobija con fuerza y apega los ojos tesoneros

                                                                                           que guían el camino

son las sombras de los búhos que te amilanan, te amedrentan



Acaso las hojas que coronan tu temblor

con el verde y el azul del universo

sean el comienzo de tu dicha





La boca cerrada ante el espanto

los labios se separan, se abren,

aparece la mordedura fatal, sagaz, pujante

el grito se anuncia

                              en el canto de los pájaros

el canto del gallo

                             en el despertar a la vida.






II



Los lazos y moñitos enmarañados

                        cosquillean entre bucles de obsidiana, ágata y malaquita.



Junto al Ojo

                  ahí presente,

en lo alto, en la cima,

ondean subyugadas las pupilas ardientes.



La flor en eclosión, epifanía.

El tallo erguido

                          a la vera

de tu vestidito de broderie rosa

mientras

el jabot azul de tu blusa cubre el corset

                                                                de la inocencia



Desde el cielo

                       los astros orbitan

y en la tierra

                      minúsculas semillas    de pudor.



Deditos lastimeros que no

                                                  se animan

manos que no tocan

piernitas quietas y en silencio.



Y Tú, mirando a Dios.

CAMPOS CARMESÍES




CAMPOS CARMESÍES

Aquellas lágrimas escondidas
                                                adentro de una hoja de álamo
son palabras peregrinas
                                     que esparcen el almizcle de las diamelas.

Ahora mi cuerpo es  viento
                                           respirando pena.

Toda mi gente yace sobre las sombras de las aguas.

Oh, Dios.
Dios del Silencio.
Danos
          en el alba
                         el resurgir de nuestros campos carmesíes.

EN CADA ESPACIO RECORRO UNA VIVENCIA






EN CADA ESPACIO RECORRO UNA VIVENCIA



Pájaro azul de la mañana,
te oigo cantar
y me estremezco.
Tus patitas danzarinas
me anuncian la llegada del pan
                                                 recién horneado.

Y a la vera,
el Dios del maíz cuece el alimento.

Peces
         caracoles
                         zigzaguean por el tiempo
como un tallo que busca su verdor.
Palpitan los geranios y amapolas
entre máscaras y espejos.

Y más allá de las penumbras
descubro los jeroglíficos
que guardan el secreto.

Sólo  esa  única clave:

Una vasija de barro
y un berimbau
                      en su interior.

Huiré acaso del fantasma de la Guerra
                                               
                                      en el desierto.


HIPNOSIS





HIPNOSIS

Me sumerjo en el imperio de la noche
desde aquel palacio rodeado de un séquito de dioses
que hieren con sarcasmo
mientras recogemos lirios prohibidos.

Mi cuerpo
a veces deshabitado del presente
comienza a ensoñar
recorriendo los laberintos del sexo.

Después de descender a los Infiernos
y al ver a las Erinias
nos entregamos al goce
y recuperando lo esencial
convertimos la vida en una fiesta.

Ningún gemido podrá turbar la tierra aletargada.

Mis senos guardan el misterio del origen
porque el vuelo fue más allá de los sentidos
cuando las semillas de sangre esparcieron
corales en la arena.

En el despertar de tu voz
el sueño viaja
contemplando la ventura.

Mi fuego vital se une al dios
del éxtasis.

Me pondré un vestido de espigas
para renacer a la noche del sepulcro.
El rocío bendecirá la tierra
transmutada en esperanza.